Viaje fotográfico a Gambia y Pais Bassari: fotos y video

…Fotos y texto por Sylvie Puillet.

Mi primer viaje a la África Subsahariana.

Solo haré una breve mención previa: viajar por libre atravesando Gambia para llegar al País Bassari, un aislada zona del sureste de Senegal pegado a la frontera de Guinea Conakry, no es de por si una tarea fácil. De antemano había que mentalizarse que esto implica recoger unos 1300 kms en carreteras de mal estado, con vehículos viejos y estropeados, en trayectos inacabables, en alojamientos rudimentarios y un largo etcétera de imprevistos que nos iba a suponer bastante improvisación.

Dicho eso, íbamos con Jorge y de la mano de Joachim nuestro guía local conocido de expediciones anteriores y  os anticipo que este viaje fue para mí una aventura muy especial.

Éramos un grupo de 12 personas de lo más heteróclito (aunque la mayoría  nos conocíamos de otros viajes), con expectativas de viaje y metas fotográficas probablemente muy distintas; pero teníamos en común muuuuchas ganas de vivir nuestra pasión de otra forma,  de salir de los caminos tradicionales y de disfrutar a tope de estar juntos.

Nuestra ruta. En Gambia hicimos varias paradas muy chulas siguiendo el rio que cruzamos varias veces en embarcaciones “muy aprovechadas” para acortar el camino hasta llegar a Badiara, punto fronterizo muy poco frecuentado con Senegal. Luego nos adentramos en el parque natural de Niokolo-Koda, una larga jornada a priori incomoda por las malas condiciones de las pistas llenas de baches y el polvo que levantaban los camiones pero hasta un reventón de rueda nos permitió hacer una “parada” y cruzarnos con gacelas y monos.  Hicimos noche en Mako, una aldea que recuerdo con mucho cariñó por los momentos compartidos con el poblado del rio, antes de llegar a Kedougou etapa y punto de partida para subir andando hasta el poblado mágico de Iwol, una de las últimas etnias del país Bassari. Regresamos a Gambia por la ruta del sur hasta el hotelito de Joachim en Sanyang a la orilla del mar, donde nos aguardaba las últimas sorpresas para hacer de este viaje un viaje inolvidable. Os dejo el detalle de las paradas al final de este post.

Del viaje en sí,  a parte de  “mil” fotos me quedo con una larga lista de sensaciones: la vida secreta y el silencio de los manglares; la luz preciosa de los atardeceres, la llegada de las primeras lluvias, los intensos colores rojizos de las pistas contrastando con  los amarillos profundos de las chozas de paja, el verde tierno de los primeros brotes, los cielos espectaculares y el olor a tierra mojada cuando descargan las nubes; las mariposas volteando alrededor de los charcos; los majestuosos arboles “Elefante” y los enormes Baobab todavía pelados; el sabor dulce del mango recién cortado y un también un sinfín de anécdotas y de risas compartidos en nuestros incomodos pero divertidos pickup o alrededor del sempiterno pollo que acompaño casi todas nuestras comidas.

Pero sobre todo me quedo con el recuerdo de la afabilidad de las personas que han cruzado nuestro camino y con muchas, muuuuuuchas ganas de volver.

Las personas. Si algo especial me llevo del viaje, y especialmente de Gambia, es la sonrisa y sabiduría de su pueblo para vivir el presente. Aquí el tiempo no cuenta. Todo discurre “despacito” y “según llega”. Aun siendo un país muy podre, el clima, un suelo muy fértil, la pesca y la ganadería aportan recursos y no apreciamos miseria como tal. Gracias a nuestro guía y a la empatía de Jorge, hemos podidos conocer muchas facetas de la vida local y compartir algunos momentos muy privilegiados.

Cruzar el rio Gambia rodeados de burros, cabras y bicicletas después de compartir la espera con los transeúntes comiendo mangos.

Tomar un refresco en un barucho inundado de una luz muy especial y charlar con los padres y su hija.

Pasar la frontera de Senegal en Badiara. Lugar poco frecuentado por los turistas donde todo transcurre “despacito”.

Reventar una rueda en las pistas del parque Niokolo-Koda hacia Mako.

Mako. Compartir por un momento los quehaceres de los habitantes a la orilla del rio y ver (solo) las orejas de los hipopótamos.

Pasear por los Manglares de Tendaba en barca y disfrutar de la naturaleza en Bintang.

Quedar asombrada ante la descarga de la pesca en Tanji al atardecer.

Los pescadores suelen llegar sobre la cinco de la tarde, hora a partir de la cual se inicia todo un proceso de espera, descarga, transporte y conservación de la pesca:

Descarga y transporte. 

La gente es muy afable y cercana, así que es muy fácil entablar conversaciones… 

Mientras transportan la mercancía a hombros, los niños y las gaviotas se aprovechan de cualquier “desperdicio”. Los chavales  evalúan cuales son  los cestos lo más llenos para correr detrás y  ganarse un dinerillo  con la reventa de las piezas que caen.

Las instalaciones de conservación están juntas, detrás de la orilla. Se utiliza tanto el proceso de salado como el de ahumado.

Del poblado de Iwol. Está escondido en la montaña y solo se puede llegar andando, pero merece la pena la subida (unos 40-60mn). El entorno es precioso con vistas increíbles de toda la explanada del País Bassari fronteriza con Guinea. A la llegada tenemos que ir a “rendir cuentas” al Jefe del pueblo (habla francés) quien contesta a nuestras preguntas y nos guía luego entre las casas de adobe de la aldea hacia el enorme Baobab sagrado. Son animistas, pero curiosamente vi luego a la salida del pueblo una pequeña iglesia de planta circular que denota que también ha llegado el catolicismo hasta este rinconcito del mundo. Contrariamente a todo el resto del viaje donde no vimos ningún turista, aquí si se nota su paso y un cierto oportunismo en este sentido (nos piden des “cadeaux” – regalos en francés- con algo de  insistencia). Pero merece la pena ir y sobre todo tomar el tiempo de romper la barrera, de compartir con ellos la velada y pasar la noche allí (aunque las condiciones sean muy precarias).

Subida hacia Iwol (País Bassari) desde donde se adivina la frontera de Senegal con Guinea

A la entrada del pueblo, vemos una pequeña iglesia que convive con la práctica animista.

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En la parte baja de la aldea está el único pozo de agua al lado del enorme Baobab.

El pueblo no tiene luz ni agua corriente y su vida perdura como ancestralmente, centrada en el trabajo colectivo para el bienestar de todos. Los hombres desaparecen durante el día cuidando de la tierra y del ganado mientras las mujeres y los niños se hacen cargo de la preparación del grano, de la recolecta y del aprovisionamiento del agua.

Mujeres y niños se relevan para bombear y transportar el agua a sus hogares. No es tarea fácil y requiere un esfuerzo importante, sobre todo en esta época del año donde el calor azota mientras  aún escasea el agua.

Las mujeres recolectan las hojas de baobab para los guisos y machacan el grano.

De no quedarte a dormir (la aldea ofrece alojamiento rudimentario) no ves ningún hombre puesto que no regresan hasta avanzada la tarde después de una larga jornada dedicada a ganadería o a la venta y trueque en el valle. Solamente se quedan los ancianos que acompañan a las mujeres. 

Los niños. No puedo dejar de mencionarlos como un punto a parte. Algo especial, sobre todo en Gambia. Es difícil no percatarse que son felices y ver cómo disfrutan de lo poco que tienen. Da mucho  que pensar en comparación con los caprichos de nuestros hijos atiborrados de juguetes.

Me atrevo en decir que probablemente son mis mejores recuerdos del viaje, los que más me han llegado al corazón. Disfrutar de la alegría de los niños que aparecen en cada parada con sus sonrisas impresionantes. Les gusta verse luego en las fotos, así que… traigo miles en mi mochila. 😉

Disfrutar con ellos y cuidar de no asustar a los más pequeños: para muchos es la primera vez que ven caras “blancas”.

Bailar y cantar con los niños de una escuela benévola que acoge y ayuda a los pequeños de varios poblados de los alrededores.

Bromear e intercambiar miradas.

De ruta por Gambia y Senegal. Las carreteras en Gambia y Senegal se alternan entre asfalto y pistas, cruzando aldeas y bonitos paisajes con intensos colores y luces muy especiales con la llegada de las primeras lluvias.

Árbol “elefante” y baobab nos acompañan a lo largo de las carreteras de Gambia Aldea al borde de la carretera principal de la ruta sur de Gambia.

Aldea al borde de la carretera principal de la ruta sur de Gambia.

Llegada de las primeras lluvias. Los cielos cambian en cuestión de segundos… Nos paramos con los demás transeúntes para poner el toldo de nuestro vehículo. 

Pistas en Senegal en la cercanía de Kedougou, de camino hacia Ibel.

Paradas en los mercados de Gambia y Senegal. Encontramos lo básico para comer a la sombra de los baobabs durante las etapas largas. Las latas de “paté de pollo” y los quesitos de la “Vaca que Ríe” nos han acompañado sin faltar un solo día… junto con los sabrosos mangos y plátanos locales.

Este viaje ha sido un viaje maravilloso. Me llevo la mochila llena de amistades, de recuerdos increíbles (y de fotos mejor no hablar…) pero también muchas reflexiones y una inmensa gana de volver a esta parte del mundo.

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Nuestras paradas:

Gambia: Sanyang – Tendaba – Bamba Tenda – Farafenni – Wassu –  Lamin Koto –Goergtown/Janjanbureh – Badiara (frontera) – Soma – Bintang – Brikama – Tanji – Sanyang – Senegal: Vélingara – Mako – Kedougou – Ibel – Iwol . Regreso a Gambia por el mismo camino.

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Por | 2017-09-17T23:30:48+00:00 17 septiembre, 2017|Todas las noticias, Viajes fotográficos|Sin comentarios

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